El té verde

La planta del té (Camellia Sinensis), de origen chino, es una planta sempervirente que se presta para el cultivo a diferentes altitudes. A mayores altitudes suelen cultivarse las variedades más preciadas. Además son posibles varias cosechas y gemaciones durante el año.

Como bien se sabe, la bebida clásica se prepara por infusión de las hojas en agua caliente (4-5 minutos). Conviene no llevar el agua a ebullición para permitir la extracción eficaz de las sustancias más activas.
El té verde, más difundido en los países orientales, donde es objeto de rito (en Japón el “Sado” representa el culto del té: la preparación y el consumo se realizan en determinados ambientes y circunstancias), se prepara deshidratando las hojas, evitando la fermentación que se emplea en la elaboración del té negro, más difundido en los países occidentales.

Las hojas se extienden y exponen al calor o al vapor, y al deshidratarse adquieren su color característico.Gracias a esta sencilla elaboración, el té verde contiene gran cantidad de sustancias biológicamente activas que, de manera similar a las del aceite de oliva extravirgen, pueden definirse como  “biofenoles del té verde”.

No obstante las diferencias en el tipo de estructura molecular, los “biofenoles del té verde” poseen funciones similares a las del aceite de oliva y pueden desarrollar una actividad antioxidante que podemos definir como complementaria y sinérgica con respecto a las anteriores.

Entre los más activos podemos citar los que pertenecen a la familia de las catequinas. Según estudios científicos realizados en Oriente, estas sustancias tienen la capacidad de intervenir en complejos mecanismos de la bioquímica celular contrarrestando la aparición de varias patologías, especialmente cardiovasculares y cancerosas.